Salmo 3
Señor, cuántos son mis
enemigos, cuántos se levantan contra mí; cuántos dicen de mí:
"ya no lo
protege Dios".
Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria, tú mantienes
alta mi cabeza.
Si grito invocando al Señor, el me escucha desde su monte
santo.
Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene.
No
temeré al pueblo innumerable que acampa a mi alrededor.
Levántate,
Señor; sálvame, Dios mío: tú golpeaste a mis enemigos en la
mejilla,
rompiste los dientes de los malvados.
De ti, Señor, viene la
salvación y la bendición sobre tu pueblo.
Amen.